Defender la dignidad de cada persona fue el ideal de Jesús, nuestro desafío.

viernes, 25 de marzo de 2011

Las sectas invaden Colombia

Los que trabajamos en los barrios marginales de Tumaco-Colombia sentimos fuertemente el exodo de los católicos a las sectas y nuevas iglesias de garaje que super abundan en cada barrio de Colombia.

Con mentiras siembran dudas en los católicos y les llevan a sus iglesias donde les prometen que se van a salvar. La baja cultura de la gente, el poco conocimiento de su fe, el acoso al que son sometidos hace que entren a engrosar las filas de estas sectas. Muchos entran por miedo, les han creído que en la secta se salvan y en la Iglesia Católica se condenan.

De parte de los pastores el interés es muchas veces (quiero creer que no todas) económico, pues a la gente humilde y de muy bajos recursos les obligan a pagar el diezmo, mediante el cual los pastores viven y disfrutan de una economía muy superior a cualquiera de los fieles de la secta. Habría que recordarles la famosa canción de Arjona donde dice "a Jesús le da asco el pastor que se hace RICO con la fe". Tal vez soy excesivamente duro, y ójala haya algunos pastores sinceros que no se lucran con el dinero de sus fieles, pero lo que veo es en su mayoría eso.

En favor de las sectas hay que decir que tienen un lenguaje más popular, sencillo y muy desde el sentimiento (poca razón), consiguen que sus fieles tengan una experiencia personal con Jesús, un encuentro vivencial, motivado por cantos repetitivos, en muy alta voz, entrando a veces en una especie de trance. Y eso les funciona, la gente les entiende y les sigue, es tal la convicción que logran generar con sus discursos que hasta les motivan para soltar un buen dinero cada semana.

Pero ese encuentro espiritual con Jesús vivo, que es positivo en sí, es parcial, porque es solo espiritualista; no tiene una dimensión social de hacer lo que Jesús hacía. El peligro es invertarse a un Jesús a su medida y conveniencia y no mirar no al Jesús real que caminó por Galilea, que curaba a los enfermos, daba de comer a los hambrientos y denunciaba las injusticias de los poderosos. Solo hablan con Jesús, pero no lo siguen o imitan en su manera de actuar.

Lo más impresionante de todo esto es que debido a su propaganda feroz casa por casa, la manera de pensar de las sectas está sembrando dudas en la mayoría de los que aún son católicos. En reuniones con católicos es muy difícil cambiarles ciertas ideas que ya las sectas han sembrado en sus mentes, como que el papa es el anticristo, o que los curas son del demonio por la pederastia, o que los católicos adoramos imágenes. Razonando, explicando, con Biblia en mano, muchas veces no consigo que cambien de opinión sobre estos temas. Duele mucho cuando un católico al que llevas formando tres o cuatro años se cambia a una de esas sectas, todo un proceso truncado,... Y cada año sucede algún caso de esos.

También como católicos debemos aprender a generar más encuentro personal con Jesús, no ser tan teóricos o ritualistas. Ser más sencillos y afectivos en nuestro mensaje, acercarnos más a la gente, casa por casa, especialmente en los barrios pobres, donde muchas veces la Iglesia Católica no está presente.

Las sectas están haciendo estragos en la mente religiosa del pueblo pobre. Y como católicos creo que no hemos reflexionado suficientemente sobre esto. Siembran error, odio y división. Los fieles de las sectas ya no nos saludan por ser sacerdotes, ya no colaboran en obras cívicas por su barrio, es un terrible cisma comunitario el que se está produciendo.

Un problema grave, con causas múltiples, una cruz dura la que nos toca sufrir a los misioneros de estos barrios.

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